Intercambio de saberes y semillas en Tlaxcala, México: Sembrando comunidades

Octubre 2018 

Durante dos dias representantes de los Pueblos Indígenas Nahuatl, Otomíes, Ñúu Savis, Mayas y Purhépecha compartieron su sabiduría e instrucciones sagradas para el tiempo de la siembra, basado en el compartir. Compartir las semillas, los saberes y todas las labores para cultivar, cosechar y preparar los alimentos, fortaleciendo la buena relación con la Madre Tierra, la soberania alimentaria y el bienestar en la vida.

Para los pueblos indígenas, una de las instrucciones sagradas en el tiempo de siembra es el compartir. Su origen se remonta quizás al origen mismo de la agricultura y el compartir del trabajo entre todos.

Cultivar la tierra y sembrar las semillas en el suelo ha conllevado a la larga historia de Sembrar Comunidad entre los pueblos indígenas, tejiendo lazos de identidad en torno a la necesidad vital de alimentarnos, no sólo nutrir nuestros cuerpos sino conectar con el espíritu de las semillas, del agua, el aire, que hacen posible que nuestra Madre Tierra nos provea de sustento.

Con este entendimiento sagrado se planificó y realizó el encuentro de intercambio de semillas y saberes: Sembrando Comunidad los pasados 13 y 14 de octubre de 2018.

Participan representantes del pueblo Nahuatl del Estado de México, Veracrúz, Puebla, San Luis Potosí y Tlaxcala; Otomíes del Estado de México; Ñúu Savis de Oaxaca y Mayas de Campeche participan en una ceremonia donde el Fuego y el Maíz se unen bajo los toques del tambor y aroma del copal de los Keris del Pueblo Purhépecha de Michoacán. Ofrendando pinole de maíz y manteniendo pensamiento, palabra y acción con la misma energía creadora, con un mismo propósito: Encender nuestros espíritus.

Antiguos saberes nos recuerdan que antes de la palabra de los humanos, existía la palabra del Fuego. Y ante su presencia debemos ser responsables de lo que hablamos pues el Fuego nos escucha y recoge toda esa información para compartirla. Asi con este respeto se realizan ofrendas al fuego honrando este conocimiento legado, dándole de comer sus maderos, tortillas de maiz, copa y cantos al espíritu.

Con los toques de los tambores y el brillo del Fuego en el corazón comienza el recorrido de aprendizaje por las parcelas de la comunidad de Vicente Guerrero, Tlaxcala, admirando que cada metro de suelo estuviese cubierto de cultivos diversos: Milpas, tomate, calabazas, magueyes y árboles frutales guardando las terrazas. Tanta abundancia de alimento hizo la experiencia muy esperanzadora.

Cuenta la historia de que antes de la llegada de la agroecología a la comunidad, los niños estaban desnutridos y en los hogares faltaba el alimentos asi como aun hoy viven algunos de nuestros pueblos.

Se compartío la instrucción de la selección de la semilla desde la parcela, cuidando de los elotes más precoces, más resistentes a plagas y enfermedades, procedentes de las plantas con mejor floración para ir acortando el ciclo de cultivo del maíz haciendo frente al cambio climático y tener semillas más resistentes.

También los ciclos de la luna para sembrar, cosechar y hacer las labores de cultivo fue un saber compartido. Prevenir la erosión de los suelos mediante el sistema de terraceo. Preparar abonos orgánicos para nutrir no solo el maíz que luego comeremos sino toda la Madre Tierra.

Unidos como granos de maíz en una mazorca, este encuentro creó fuertes vínculos y profundos saberes, que son semillas para sembrar en nuestras comunidades, esperando al siguiente año para continuar compartiendo semillas y saberes.

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