Encuentro de semillas de los caminos ancestrales del maíz de la Nación Qero, Perú

Octubre 2018

El pueblo de Ocongate a 4200 metro de altura, con lluvia y viento, recibe con alegría a las familias Qero que bajan desde los 5200 m donde viven. Vienen a este gran Encuentro de la Nación Qero, una gran reunión de diversas comunidades provenientes de varios territorios Qero para juntos celebrar en torno al maíz.

Desde el día anterior las mamitas y también los hombres cocinaban comunitariamente para recibir a los más de 300 invitados. El menú incluye carne de llamo, sopas y muchos platos diferentes de maíz, que ellos mismos siembran en un territorio abajo en la selva, iniciativa apoyada por Alianza Milpa y que este año les permite extender el espacio de siembra de 1 a 5 hectáreas.

Bien temprano comienzan a llegar los invitados quienes se presentan en grupo, siempre acompañados al son de la flauta y el tambor, presentando sus respetos a la madre tierra y a los dueños de casa.

Una vez sentados todos en círculo comienzan a compartir las danzas tradicionales de sus propios territorios, todas en torno a la siembra del maíz. También suenan los cantos elevados con el viento a los campos, que son rezos que agradecen la buena siembra y posterior cosecha, reconociendo que este acto tan antiguo es el pilar fundamental de los pueblos y su soberanía.

Más tarde cada comunidad presenta a sus mejores tejedoras, expertas en el arte de la esquila, la limpieza y el teñido de las lanas con vegetales y raíces, quienes sentadas en el suelo se preparan y comienzan a tejer. Luego un jurado califica cuál es la comunidad y representante más hábil en este arte.

Más tarde toca el turno de la gastronomía, donde diferentes comidas ancestrales son dispuestos en un gran mesón a la espera de ser calificados y reconocido como el plato representativo de los alimentos del maíz de este año. Hay tantas variedades, colores y sabores que la elección del ganador se hace un verdadero desafío, mientras las mamitas en la mayoría de las veces son acompañadas en sus espaldas o entre sus faldas por sus pequeños niños de grandes ojos que miran atentos y nerviosos a cada persona que degusta sus alimentos.

Llega entonces el momento del almuerzo donde en grandes ollas son los hombres quienes por costumbre sirven la comida entre sonrisas y bromas que unos a otros se hacen durante todo el proceso, en un espacio de sana alegría y convivencia.

Terminada la jornada se hace el reconocimiento a los participantes y se elije a los ganadores a quienes se les entregan llamos y ovejas, los que son recibidos con mucha alegría y emoción. El lenguaje común entre tantas personas de diferentes orígenes es evidentemente la sonrisa. Una lluvia intensa llega para cerrar la jornada, haciendo que cada grupo se retire corriendo a resguardarse para luego regresar por horas de camino a las altas montañas donde continúan sus vidas, resguardando sus conocimientos y tradiciones ancestrales.

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